Panamá tierra abundante de peces y mariposas. (Texto exclusivo publicado para Volar Magazine de la arolínea Láser de Venezuela).

14562020_1395924377085545_2818982934118137856_nSu nombre, data de cuando las familias de indígenas se sentaban a tomar la sombra bajo los Panamás, árboles frondosos, al tiempo que el mar les colmaba de alimento y las mariposas entretenían a sus muchachas.

Una vez en París, me topé con dos mujeres panameñas que hablaban con entusiasmo. Una era chef y estaba en aquella ciudad para ganar un premio Gourmet, por traducir un recetario de comida indígena. Patricia Miranda se llama y todavía anda con “Ñukwa ta tare tikwe” – en lengua nativa- “el Fogón de sus amores”, encendido.

Desde ahí supe que Panamá era un destino para explorar.

De clima tropical, con sus densas nubes que tienen la capacidad de cubrir el cielo casi de negro, y de repente una rumba de rayos rompen en truenos cual tambores en carnaval.

Después de la tormenta, el inclemente sol tuesta la tez de un color canela y la brisa encrespa los cabellos. Bien lo describía el cantautor de esta tierra Rubén Blades en su canción:

“Mi corazón no te abandonará! Alerta y siempre sereno,
aunque el cielo se oscurezca, sigo contigo en medio
de un aguacero, hasta que el sol aparezca!

Para que pase el mundo

La ubicación privilegiada de Ciudad de Panamá es de importancia global y con el canal, una maravilla de la ingeniería moderna, se institucionalizó el motor económico del país, brindando prosperidad por más de un siglo.

Gracias a la expansión que se materializó en 2016, la mirada ardiente del progreso sigue fija aquí y la postula para ser el centro financiero y comercial de la región a futuro.

PANAMA CANAL LOCKS / CANAL DE PANAMÁ
Turistas en el Canal de Panamá. Foto: Aarón Sosa.

Por esto, al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Tocumén, hay que planear la visita al canal. Ver cómo esos buques cargados de mundo pasan por esos estrechos, que se llenan de agua y se vacían a discreción, es una proeza digna de presenciar. Y conocer los intríngulis que inspiraron a John Le Carré a escribir su clásico: El Sastre de Panamá; es fascinante.

Aunque todo apunta al futuro, la ciudad guarda una hermosa vista del mar amurallando desde la Nostalgia a un casco antiguo, de edificios bajos con plazas dedicadas a lo que fue la unión con Venezuela y Colombia.

Edificios como La Catedral Metropolitana, son el vestigio del control español en la colonia.

CASCO VIEJO
Casco Viejo, Ciudad de Panama, Panama. Foto Aarón Sosa.

 

Esta melancolía conduce a un estado de tranquilidad y mientras se pasea por las callejuelas, hay una sensación de seguridad que las autoridades han mantenido. El Casco Antiguo de Ciudad de Panamá es patrimonio de la humanidad desde 1997.

¿A qué sabe?

Me gusta explorar los mercadillos públicos, así me acerco a la cultura desde el segundo corazón, el estómago. Aquí los ceviches cautivaron mi paladar con una calidad cinco estrellas servida en vasitos de plástico. Cuántas variantes, comer mientras atestiguamos las riquezas de sus frutos del mar hasta la dentera.

 

Captadores de la cultura en acción

Aarón Sosa y su esposa Michelle son fotógrafos venezolanos, desde 2010 documentan la vida panameña y educan en fotografía. Las maravillosas imágenes que acompañan este artículo son de su archivo personal.

Aarón es fundador de Blipoint, una red social dedicada a relacionar a fotógrafos del mundo y también toma fotos documentales en la región, mientras que Michelle retrata a las familias, inmortalizándolas en lugares emblemáticos de la ciudad.

Aarón cuenta que, en una asignación con el ministerio de turismo, conoció bien la oferta en este segmento. Atribuye el gran flujo de visitas a atracciones como el volcán Barú, el Valle de Antón y las playas de Bocas del Toro, y de San Blas, donde habitan los Kuna Yala, la etnia indígena más prominente.

Ellos expresan cómo en poco tiempo la ciudad ha creciendo con velocidad.

Y es que hay mucho que hacer aquí. Correr junto al mar en Balboa, el Puente de Las Américas de noche, comprar en modernos centros comerciales. Un café por la tarde, un barquito a Taboga.

 

 

 

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